Atención Temprana Con Atención Consciente

Otra reflexiva entrega de Mona Delahooke en su blog The Visible Parent.

Una de las ironías de la intervención temprana es que a veces esforzarse demasiado en ayudar a un niño puede ser contraproducente. Cuando los profesionales identifican un retraso en el desarrollo, a menudo están impacientes por dar a los padres las buenas noticias: que la mayoría de los niños diagnosticados con retrasos tempranos responden bien al tratamiento. Esto puede suavizar el golpe, pero también puede tener una consecuencia no deseada. Muchos padres responden asumiendo un ritmo frenético, haciendo hincapié en hacer en lugar de estar con sus hijos. Esto puede interferir con lo que los niños más necesitan: un padre o madre conectado y relajado.

Cuando padre e hijo están en calma en el cuerpo y la mente, se prepara el escenario para el aprendizaje en el marco de relaciones de confianza. Sin embargo, con demasiada frecuencia, en medio del ritmo frenético de la intervención temprana, estos momentos relajados de conexión se pierden en la confusión.

Eso es lo que pasó en el caso de “Ricky”, cuyo pediatra identificó retrasos en el habla y el lenguaje en la visita de los dos años. El médico lo derivó a un logopeda, quien recomendó dos sesiones de terapia a la semana. Tomada por sorpresa y con ganas de poner remedio a la situación, la madre de Ricky puso manos a la obra. Participó en todas sus sesiones, observando de cerca todo lo que el logopeda hacía con Ricky.

Buscando desesperadamente ver resultados, su madre practicaba las actividades que observaba en las sesiones de logopedia con Ricky diariamente en el hogar. También se apuntó a varias actividades para “mamá y yo” en el centro de recreación local. Y compró tarjetas para ayudarle a aprender los colores, letras y números.

En lugar de ayudar a Ricky, el ritmo frenético comenzó a pasar factura. Cuando la logopeda señaló lo cansada que la madre parecía durante una sesión, ella admitió que sentía que estaba en una carrera para ayudar a Ricky ponerse al día. Por suerte, la logopeda se dio cuenta que esos esfuerzos bien intencionados casi habían eliminado las interacciones positivas y naturales que había observado inicialmente entre madre e hijo. Y ayudó a la madre a entender que relajarse y divertirse con Ricky estaba entre las actividades más terapéuticas que podía proporcionarle a su corta edad.

Aquí es donde los esfuerzos de intervención temprana pueden beneficiarse de la atención consciente, la capacidad de suspender el juicio crítico en el momento presente. Otorga a los padres y profesionales por igual la oportunidad de fomentar las relaciones, tomando conciencia de que el desarrollo avanza a su propio ritmo para cada niño. Mientras que las terapias pueden apoyar la trayectoria del progreso, es importante recordar que no hay realmente una carrera contra el retraso en el desarrollo, sino más bien un camino reflexivo para nutrir el potencial propio de cada niño a desarrollarse a su propio ritmo.

Nadie lo reconoce más que los padres de personas adultas que crecieron con necesidades especiales. Mirando hacia atrás, estas madres y padres a menudo me dicen que desearían haber ido con más calma más y haberse preocupado menos. Se dan cuenta de que hubiera sido mejor dejarse llevar menos por preocupaciones sobre los retos del futuro, muchos de los cuales nunca se materializaron. Una madre de un adolescente autista lo expresó muy bien:

“Mi mayor pesar es que me preocupaba tanto de mi hijo “futuro” que perdí al hermoso hijo “presente” que tenía delante. A menudo me pregunto si él sentía que yo me iba hacia el futuro, rogándome que me quedara con él en el “ahora” sabiendo en el momento que lo único que necesitaba era que yo estuviera aquí, no allí “.

Sus palabras pueden enseñarnos a todos a evitar que los temores acerca de retrasos o diferencias en el desarrollo nos impidan ser conscientes de las hermosas realidades del momento presente. Algunas ideas para tener en cuenta:

  1. No temas a las diferencias individuales de tu hijo. El proceso de evaluación y de intervención temprana puede ser estresante y confuso. Velo como una forma de ayudarte a entender los puntos fuertes de tu hijo y su forma de ver el mundo, en vez de verlo a través de la lente de un trastorno.
  1. Pasa de la reacción a la respuesta. Cuando reaccionamos estamos en estado de alerta y todo se siente como una emergencia. Cuando respondemos, nos tomamos un respiro y consideramos cuidadosamente nuestros próximos pasos con la ayuda de aquellos en quienes confiamos.
  1. Encuentra la alegría de los momentos cotidianos. El momento presente es todo lo que realmente tenemos. Cada momento de la vida de tu hijo es precioso. No dejes que los retos tempranos te roben los recuerdos irremplazables de criar a tu hijo que provienen de encontrar alegría en los momentos cotidianos.

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