LOS PROBLEMAS DE SUEÑO DE LOS NIÑOS CON AUTISMO PUEDEN TENER SU ORIGEN EN DIFICULTADES SENSORIALES

Los problemas de sueño en los niños impactan tanto el desarrollo de los pequeños como en el equilibrio y descanso familiar. Por ello, queremos compartir este interesante post que Spectrum publicó en relación a los problemas de sueño y las dificultades sensoriales en niños con autismo.

Según un nuevo estudio, una mayor sensibilidad sensorial en niños pequeños con autismo predice problemas de sueño alrededor de los 7 años de edad.

Los hallazgos sugieren que la sensibilidad sensorial interfiere en el sueño de los niños con autismo. También insinúan que adaptarse a estas sensibilidades, al minimizar la luz de fondo o el ruido a la hora de acostarse, por ejemplo, podría aliviar las dificultades para dormir de los niños.

“Si escuchas ruidos o realmente te molesta la luz o el tacto, esto podría hacerte más difícil quedarte dormido”, dice la investigadora principal Micah Mazurek, profesor asociado de servicios humanos en la Universidad de Virginia en Charlottesville.

Igualmente, este estudio sugiere que tener desórdenes de sueño también puede tener consecuencias a largo plazo, ya que los problemas de sueño en niños con autismo pronostican rasgos del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Los problemas de sueño son comunes entre las personas con autismo. Uno de los estudios más grandes para analizar esta cuestión, publicado el 11 de febrero en Pediatrics, sugiere que casi el 80% de los niños con autismo de entre 2 a 5 años tienen dificultades relacionadas con el sueño. Los niños con autismo tienen el doble de probabilidades de tener problemas de sueño frente a niños típicos o con atrás alteraciones del desarrollo.

“Sabemos claramente que los niños con autismo tienen un alto riesgo de tener problemas para dormir”, dice Brett Kuhn, profesor de pediatría y psicología en la Universidad de Nebraska en Omaha, que no participó en ninguno de los estudios. “Es hora de avanzar en la intervención temprana, la prevención y el tratamiento”.

Rastreadores del sueño:

Mazurek y sus colegas analizaron los archivos de Autism Speaks Autism Treatment  Network, un grupo de 12 centros académicos en los Estados Unidos y Canadá que brindan atención médica a niños con autismo. Se centraron en 437 niños con autismo que visitaron por primera vez uno de los centros cuando tenían entre 2 y 10 años y que regresaron un promedio de cuatro años más tarde.

“La mayor ventaja sobre los estudios realizados en el pasado es la gran muestra y el hecho de que han seguido (a los niños) a lo largo del tiempo”, dice Kuhn.

Los clínicosrealizaron pruebas de detección y diagnóstico de autismo y midieron su coeficiente intelectual (CI) en la primera visita, y  evaluaron la presencia de otras condiciones de salud en ambas visitas. Los padres completaron cuestionarios sobre las sensibilidades sensoriales de sus hijos y otros comportamientos, así como la frecuencia de los problemas de sueño de sus hijos.

Los padres de aproximadamente el 70% de los niños reportaron problemas de sueño en la primera visita. Estos problemas mejoraron con la edad en casi el 32% de los niños, pero empeoraron con el tiempo en aproximadamente el 23%.

Las dificultades para dormir no están relacionadas con la edad, el sexo o el coeficiente intelectual de un niño. Pero los investigadores encontraron que los niños que frecuentemente tienen problemas para dormir tienden a tener padres con bajos niveles de educación. Estos hallazgos aparecieron publicados en enero en el Journal of Autism and Developmental Disorders.

De manera similar, los investigadores han encontrado que los niños típicos cuyos padres son ricos y con estudios duermen mejor que los de familias de bajo nivel socioeconómico. Los padres de bajos ingresos pueden tener horarios que dificultan las rutinas antes de acostarse, por ejemplo, o carecen de los recursos para dormitorios separados y tranquilos.

Predictor del problema:

Mazurek y sus colegas utilizaron modelos estadísticos para identificar los predictores y las consecuencias de los problemas de sueño. Analizaron los 166 niños de 2 a 3 años en su primera visita por separado de los 271 de entre 4 y 10 años, ya que los cuestionarios que completaron los padres eran ligeramente diferentes entre estos dos grupos.

El estudio es observacional, por lo que no puede revelar causa y efecto. Pero debido a que los investigadores rastrearon a los niños en el tiempo, pueden identificar el orden en que aparecen los rasgos o características.

En el grupo más joven, las sensibilidades sensoriales en la primera visita se relacionan con problemas de sueño en la segunda, y los problemas de sueño se relacionan con inatención e hiperactividad posteriores. En el grupo de mayor edad, los problemas de sueño en la primera visita predicen dolores y molestias, como dolores de cabeza y molestias digestivas, cuatro años después.

“Si los niños no duermen lo suficiente, con el tiempo puede tener consecuencias a largo plazo en su salud y bienestar físico general”, dice Mazurek.

Algunos expertos se sorprenden de que este nuevo estudio no pronostique problemas de ansiedad derivados de los problemas de sueño en niños autistas. Otro estudio publicado en enero encontró que la ansiedad predice problemas de sueño y viceversa en niños típicos de 2 a 8 años.

Los problemas de sueño y la ansiedad son comunes entre los niños con autismo y pueden estar relacionados, dice Ann Reynolds, profesora asociada de pediatría de la Universidad de Colorado en Aurora; Reynolds no participó en el trabajo pero dirigió el estudio de Pediatrics. “Si no duermes lo suficiente, es probable que estés más ansioso, y si estás más ansioso, es probable que tengas más problemas para irte a dormir”, dice Reynolds.

En conjunto, los nuevos estudios subrayan la importancia de ayudar a los padres a manejar los problemas de sueño de sus hijos, dice Mazurek. Ella y sus colegas están probando una terapia para niños con autismo que tienen insomnio; la terapia enseña a las familias estrategias para minimizar la ansiedad y la sensibilidad sensorial de los niños.

Para más información sobre los estudios mencionados en este post o acceder al artículo original sigan el siguiente enlace (link).

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