UNA PREGUNTA INDISPENSABLE ANTES DE DISCIPLINAR A UN NIÑO PEQUEÑO

Volvemos con un interesante artículo que la Dra. Mona Delahooke ha publicado en su blog. Las preguntas relacionadas con los límites y la disciplina siempre son una preocupación para las familias, por lo que creemos que considerar el punto de vista de la Dra. Delahooke puede ayudarnos a caminar con mayor conciencia por este sendero.

Susan estaba disfrutando de un desayuno de fin de semana con su familia cuando su hijo de tres años, “Marcus”, de repente golpeó a su hermana mayor. Cuando Susan extendió la mano para acercar a su hijo hacia ella, Marcus echó bruscamente la cabeza hacia atrás, golpeando a Susan en la boca con tanta fuerza que sangró. Susan estaba aturdida, a la vez furiosa y confundida. ¿Por qué ha hecho Marcus esto? ¿Y cómo debería responder ella?

Cuando surgen estas situaciones, los padres tienen que responder en el momento, a menudo con solo una fracción de segundo para elegir entre las diferentes opciones: ¿Un castigo rápido? ¿Sacar al niño fuera? ¿Hablar de lo que ha pasado? ¿Ignorar el comportamiento?

Aplicar disciplina a los niños pequeños es confuso, porque su desarrollo social y emocional todavía está en marcha. Lo que son capaces de hacer en un minuto puede cambiar completamente al siguiente, dependiendo de muchas variables. Debemos pensar en los comportamientos como la punta del iceberg, el 10 por ciento que es visible. Necesitamos mirar debajo de la superficie y determinar la causa del comportamiento antes de poder determinar qué estrategia de crianza o disciplina usar para una situación y, a su vez, ayudar al niño a aprender de la situación.

El mejor modo de comenzar es haciéndonos una pregunta simple: ¿Es ésta una respuesta al estrés o un mal comportamiento intencional?

En nuestro entorno centrado en la cognición con demasiada frecuencia la primera suposición es que el niño ha elegido deliberadamente y conscientemente cómo comportarse (o portarse mal). Sin embargo, con frecuencia, este no es el caso. Muchos comportamientos de los niños pequeños reflejan reacciones de “lucha o huida”. En estas situaciones, el niño podría no tener idea de por qué se ha comportado de esta manera particular. Si el comportamiento no es intencional, castigar al niño o pedirle que se explique no es la mejor estrategia.

Consideremos lo que Marcus le hizo a su hermana y a su madre. Lo que al principio parecían ser actos de agresión aleatorios fueron realmente respuestas de estrés, precipitadas por fuerzas más allá de su conciencia o reconocimiento. Esa mañana, el niño estaba sufriendo una infección leve en el oído, lo que lo puso nervioso. Mientras la familia desayunaba, apareció un anuncio de televisión y su repentino y alto volumen tomó a Marcus por sorpresa. Su sistema nervioso autónomo (piense “automático”) se hizo cargo, y antes de darse cuenta, estaba golpeando a su hermana por hablar con él. Su comportamiento no reflejaba intencionalidad, sino más bien un niño pequeño que repentinamente (y momentáneamente) carecía de control de sus acciones.

Para estar seguros de lo que está pasando, muchos comportamientos requieren que usemos soluciones lógicas como padres. Por ejemplo, a los niños pequeños les encanta sentir el poder de la independencia mientras prueban cosas nuevas. Consideremos al niño que tira una taza de leche al suelo y luego mira a su madre para ver la reacción. ¿O qué tal el niño que grita: “¡Eso es mío!” y luego coge un juguete de un compañero? Ambos están probando los límites de su poder. Después de estos comportamientos comunes y esperados de los niños pequeños, podemos guiar las interacciones con paciencia y límites razonables, siempre dentro de una relación cálida y afectuosa.

Sin embargo, en otras ocasiones, debemos ir más allá del pensamiento lógico y fijar nuestra mirada en las causas profundas de la angustia del niño. En estos casos, necesitamos descubrir pacientemente cómo ayudar al niño a obtener ayuda de los adultos para sentirse mejor. Cuando un niño experimenta dificultades de comportamiento, una explicación común (pero a menudo ignorada) es un desafío a su capacidad para mantener un estado de calma en el cuerpo. Esto dificulta la regulación emocional, por lo que es importante ayudar a los niños pequeños a comprender que sus sentimientos “fuera de control” irán y vendrán y que pueden buscar ayuda cuando la necesiten.

Es esencial evitar culpar y avergonzar a los niños por cosas que se manejan inconscientemente. Cuando miramos debajo de la superficie, viendo los comportamientos del niño como adaptaciones a las necesidades internas, vemos al niño con compasión en lugar de culparlos.

Para ayudarlo a hacer esto, cuando un niño exhibe comportamientos desafiantes y usted está considerando si debe o no disciplinar, considere esto:

  • Respire lenta y calmadamente y céntrese.
  • Con voz suave y en un lenguaje que su hijo entienda, reconozca que juntos pueden descubrir que es lo que pasó.
  • Encuentre los apoyos adecuados para ayudar a su hijo a sentirse reconocido y seguro basándose en las causas o buscando el origen (involuntarias) del comportamiento.
  • Ayude a su hijo a darse cuenta de que cuando siente su cuerpo fuera de control esa situación es temporal, y que puede pedir ayuda.

Cuando entendemos adecuadamente los comportamientos de los niños, podemos apoyar mejor su desarrollo emocional sintonizándonos con lo que necesitan. Con el tiempo, eso les ayudará a desarrollar la autocompasión y el control sobre las muchas oleadas de emociones que experimentan naturalmente, evitando malentendidos y el estrés que los acompaña.

En el siguiente enlace (link) pueden encontrar el artículo original de este post.

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